miércoles, 26 de diciembre de 2018

¿En verdad existe la adicción a los alimentos?


¿Piensas que es imposible dejar de comer? ¿Qué alimento es tu debilidad? ¿El chocolate, las patatas fritas, las galletas?

Por el hecho de que la ciencia no tiene claro que puedan existir alimentos adictivos, tampoco ha podido probar que exista tal “adicción a la comida”.

Es verdad que en nuestro lenguaje informal utilizamos términos como “adicción”, que en el campo científico tienen un significado más complejo. Nos sirve para describir una situación que absolutamente nadie interpreta literalmente. 

En las adicciones conocidas, la sustancia o bien el comportamiento adictivo son prescindibles y pueden evitarse, mas los comestibles son imprescindibles para subsistir...

El enfrentamiento aparece cuando se prosigue la dirección contraria, y la ciencia toma el argot para determinar que hay una nueva patología: la adicción al alimento.

Seamos claros: si la adicción al alimento existe, es un trastorno mental que va a afectar a la calidad de vida de los enfermos. Que les provocará sufrimiento y que interferirá en sus labores rutinarias. Razones más que suficientes para no charlar a la ligera.

Pero ¿existe la adicción a el alimento?
Partimos de una idea básica: absolutamente nadie desea padecer una nosología.

Mas sucede algo curioso: cuando hablamos de ciertos patrones de comportamiento que estimamos negativos, los definimos prácticamente instintivamente como adicción.

Adicción al sexo, a las redes sociales, a internet… o bien a los alimentos.

Aun ciertas personas no solamente se identifican, sino se definen a sí mismos como adictos al móvil, al azúcar o bien al chocolate. Mas acostumbra a hacerse desde una perspectiva trivial, como una forma de expresar lo mucho que les agrada algo, sin pretender comunicar un auténtico inconveniente.

Pues cuando la adicción es real, acostumbra a ir acompañada de estigma social y sentimientos de vergüenza, tal y como ocurre con todas y cada una de las enfermedades mentales, desgraciadamente.

Si no hay nosología, se exhibe. Si hay enfermedad, se oculta.

No es coincidencia que existan asociaciones como Jugadores Anónimos, Alcohólicos Anónimos o bien Comedores Compulsivos Anónimos: no acostumbra a hacerse gala de sufrir alcoholismo o bien ludopatía o bien de tener un inconveniente real con el alimento.

Mas, al tiempo que la adicción a sustancias como el alcohol, la nicotina y otras drogas sí que está a la perfección caracterizada y puede diagnosticarse. Sin embargo, sobre la existencia de la adicción a el alimento, la comunidad científica no ha llegado a un acuerdo.

Instintivamente, prácticamente sin duda, afirmaríamos que ciertos comestibles provocan conductas alimenticias apremiantes, y que estas se semejan mucho a comportamientos adictivos.

Si la adicción a el alimento existe, es un trastorno mental que va a afectar a la calidad de vida de los enfermos y que les provocará sufrimiento. Esto es algo que, lejos de ocultarse, ha sido aun usado como reclamo promocional. “Intenta comer solo una” o bien “¿A qué no puedes comer solo una?” son las oraciones que han acompañado a ciertos snacks desde hace más de treinta años, y que mencionan sin tapujos a la pérdida de control.

¿Por qué razón no podemos hablar claramente de adicción a el alimento? ¿Por qué razón resulta discutido y hay tantas disconformidades?

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Parte de la comunidad científica estima que hay demasiadas evidencias para aseverar que existe la adicción al alimento, e inclusive se han desarrollado herramientas para valorar esta dependencia [Food Craving Questionnaire, Dutch Eating Behavior Questionnaire, Three Factor Eating Questionnaire, Power of Food Scale y, la más concreta, la Yale Food Addiction Scale (y su actualización)].

Múltiples razones apuntan a que, ciertamente, la adicción a los comestibles puede ser una nosología nueva, en tanto que presenta semejanzas con otras adicciones:

No obstante, no está tan claro que sea una enfermedad nueva, por el hecho de que estas peculiaridades se presentan en ciertos trastornos de la conducta alimenticia menos conocidos que la anorexia y la bulimia, mas con perfección caracterizados y también incluidos en los manuales de diagnóstico más empleados: el ICD-once de la OMS y el DSM-cinco de la American Psychiatric Association.

Es el caso del trastorno por atracón, el síndrome de ingestión nocturna de comestibles o bien la hiperfagia en perturbaciones psicológicas, en los que pueden reconocerse patrones anormales de ingesta que cumplirían con ciertos criterios de las adicciones: capítulos recurrentes de nutrición apremiante en cantidades elevadas, pérdida de control, malestar siguiente, ingestas excesivas como una respuesta al estrés…

Es prematuro considerarla una nueva enfermedad mental, si bien la patentiza sugiere que ciertos comestibles, en especial los ultraprocesados, tienen mayor potencial adictivo.

La ciencia debe decidir, basándonos en hechos más sólidos disponibles, si la adicción a el alimento es verdaderamente una enfermedad nueva que no puede encuadrarse en algunas que están descritas.

Lo que nos afirma la ciencia es que el término “adicción a la comida” apareció por vez primera en la literatura científica en mil novecientos cincuenta y seis, mas desde dos mil nueve las publicaciones sobre el tema han crecido exponencialmente.

Las revisiones sistemáticas más recientes están conformes en que no hay acuerdo: el término de “adicción a la comida” no está establecido aún y es prematuro considerarla nueva nosología, si bien la patentiza sugiere que ciertos comestibles, singularmente los ultraprocesados, tienen mayor potencial adictivo.

¿Por qué razón nos llegan noticias sensacionalistas sobre la adicción a los comestibles?

Lo que en la ciencia precisa argumentación sólida y se expresa con precaución, al público le llega transformado en certidumbre categórica en forma de documentales efectistas, que mientan como aval estudios científicos y se ilustran con los próximos “impactantes” hallazgos:

Entonces, ¿concluimos que el alimento desencadena una adicción como lo hacen las drogas? En lo más mínimo.

Primero pues, como nos señala esta revisión sistemática, los estudios con animales solo son el punto de inicio de la investigación científica, y los resultados que relacionan ciertos comestibles con el desarrollo de comportamientos adictivos, no se han replicado en humanos.

Y sobre las imágenes que muestran la actividad de las áreas cerebrales ante diferentes estímulos (drogas o bien comida), este metaanálisis señala que las drogas actúan sobre los receptores del circuito de recompensa, exactamente los mismos receptores que generan las sensaciones agradables relacionadas con el alimento o bien con el sexo. Mas solo pues las drogas y el alimento activen exactamente las mismas áreas cerebrales, no implica que la comida genere dependencia; es una contestación natural para perpetuar un comportamiento preciso para la supervivencia. Si hablamos de adicción debería darse una reacción anormal, que no aparece.

Finalmente, no se puede ignorar un hecho diferencial esencial con respecto a los comestibles y su ingesta: en las adicciones conocidas, la substancia o bien el comportamiento adictivo son prescindibles y pueden evitarse, mas esto no es posible con el alimento. Los comestibles son imprescindibles para subsistir.

Una parte del tratamiento de la persona que padezca alcoholismo, ludopatía o bien dependencia de una droga consiste en eludir la substancia y supervisar el ambiente. Esto no puede hacerse con los alimentos: la persona “adicta” (si se puede aplicar el término) tendrá que proseguir relacionándose con el alimento su vida.



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My name is Wendy Guillén. I am an enterprising woman and creator of this blog. I am an internet shopping enthusiast. and natural hair lover. My transition from processed hair to natural hair lasted several years, because I never found the right products to help me successfully complete my mission: not to use straightening. Read More

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